¿La proximidad, reñida con la modernidad?

Tú eres el hijo del señor Raya, no? ¿Qué tal le va el negocio a tu padre? ¿Se jubila ya?». «Tirando, por suerte, le queda solo un año». Al marcharse, Marina, que  me estaba ayudando a escoger una camisa en una conocida tienda de una gran superficie, me dice: «¿Era el señor Roca, no? Me encantaba el puesto que tenía su hermano en el mercado de la plaza de Cuba de los sábados». Así es el modelo comercial catalán: diverso. Mercados semanales, comercio de proximidad y grandes superficies. En la diversidad está la riqueza, pero también complica el equilibrio. Es bien conocida la importancia del sector comercial catalán. Ocupa más de 300.000 personas (el 10% de la ocupación catalana) en casi 80.000 empresas y 170 mercados municipales. Un modelo en el que una oferta de proximidad cuyas raíces son autóctonas convive con la gran superficie, que en muchos casos no es catalana.

El pequeño y tradicional comercio próximo tan útil (en especial para las personas mayores), mantiene la vitalidad de los centros históricos cuya compra se mezcla con el paseo y el acto social. Las grandes superficies, ubicadas en complejos con múltiples servicios a los que se accede en coche, presentan un comercio más contemporáneo con reconocidas marcas que encontramos en cualquier lugar del mundo.  El modelo comercial catalán se ha topado con una propuesta de reforma comercial por parte del Gobierno central. En ella se pretende abrir más días festivos (de ocho a 10 al año), más horas los días laborables (de 72 a 90 semanales) y obligar a liberalizar horarios a las zonas más turísticas de las14 ciudades con más de 200.000 habitantes que registran más de un millón de pernoctaciones anuales o reciban más de 400.000 pasajeros de cruceros (entre las cuales está Barcelona). La propuesta ha provocado una oposición frontal en Catalunya. La Confederación de Comercio de Catalunya y Pimec aducen que la reforma favorece a las grandes superficies.

El principal argumento es que el 49,5% del pequeño comercio tiene solo un asalariado y la ampliación de horarios obligaría a contratar a alguien más, coste inasumible en la mayoría de los casos. En cambio, la Asociación Nacional de Gran- des Empresas de Distribución (ANGED) mantiene que la reforma se queda corta pues una liberalización total crearía 20.000 puestos de trabajo. Numerosos observatorios y climas comerciales catalanes y europeos –como el de la ciudad de Mataró en el que participo– destacan que el comprador actual es más indeciso y selectivo que antaño, menos impulsivo. Compara siempre más los precios, pues tiene mecanismos para ello, y jerarquiza, así, sus decisiones de gasto. Es también menos fiel a su establecimiento habitual. Durante la cri- sis, las reducciones de precios, los cupones de descuentos y otras ofertas y promociones se han convertido en permanentes. El consumidor mezcla, cada vez con más frecuencia, diferentes canales a la hora de hacer la compra. Aunque en los países del sur de Europa hay una mayor desconfianza hacia la seguridad de las transacciones por internet e ir de compras es también un acto social, se están consolidando igualmente las nuevas herramientas de compra colectiva o  outlets nacidas del e-com- merce.

En particular, en los últimos tiempos ha proliferado lo que se conoce como el  social e-commerce  mediante el cual, las empresas en las redes sociales pueden crear comunidades alrededor de las marcas, y, mediante ellas, dinamizar y segmentar la información de forma constante así como dialogar y comunicarse con los potenciales clientes. Mientras tanto, el comportamiento del pequeño comercio permanece inalterable. Si bien es cierto que suele aguantar la contratación (más que la media del resto de sectores) y tiene una elevada cuota de trabajadores con contratos permanentes, utiliza poco la contratación a tiempo parcial. Menos del 40% declaran realizar políticas de formación continua y de conciliación laboral. El porcentaje de empleados que domina el inglés es ínfimo en cuanto nos alejamos mínimamente de las zonas turísticas como así lo es el empleo de las nuevas tecnologías. La mitad de comercios no tiene página web, y son muy pocos los que utilizan las redes sociales.  Nuestro modelo es muy rico y entre todos debemos de mantenerlo. Pero el pequeño comercio debe reflexionar.

Un bien artesanal y un servicio de proximidad no deben estar reñidos con estrategias de recursos humanos y de venta modernas. Así como se ha adaptado a la coyuntura entendiendo la necesidad de facilitar un crédito comercial que ha sustituido al financiero, el pequeño comercio debe realizar cambios más estructurales. Con el índice de confianza del consumidor en mínimos históricos, el turismo de  shopping es clave para el sector.  Pero ello requiere un pequeño esfuerzo, no tanto en el horario de apertura como en estos otros aspectos de atención al turista conectado mediante facilidades de pago, personal conciliado, formado y con conocimiento de diferentes idiomas y orientación a las nuevas estrategias comerciales. ¿Serán capaces los señores Raya y Roca de reorientar sus negocios y formar un modelo diverso junto con el señor Amancio?

 

Dr. Josep Maria Raya

Publicat per Dr. Josep Maria Raya

Dr.Josep Maria Raya es profesor titular de la Escola Universitaria del Maresme (Universitat Pompeu Fabra). Su investigación se centra en economía de la vivienda y economía del turismo.

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